Marcel·lí Antúnez

Barcelona, 21 de junio de 2018

Marcel·lí Antúnez empezó a colaborar con la Fundación Setba en 2018 con «Traspassant Murs» en el Centro Educativo de Justicia Juvenil Can Llupià y «Milcaps», proyecto participativo con usuarios de centros de Salud Mental y alumnas de bachillerato artístico. Hoy en día la colaboración se mantiene.

¿Quién es Marcel·lí Antúnez?

¿En serio? Se rie.

Es una definición cambiante. Uno es muchas cosas en la vida. Básicamente un artista, entendiendo que el arte es un espacio de libertad. Me he interesado por muchas cosas y, como por desgracia ya tengo una edad, también tengo un curriculum.

Empecé a los 80’s como cofundador de la Fura dels Baus con otros colectivos que vendrían después como «Error genético» o «Los Rinos». En los 90’s me intereso por la tecnología y la performance y de esta manera se van configurando los proyectos que me interesan más ahora. Y, desde hace 5-6 años empiezo a adentrarme en propuestas más transversales, como Traspasando muros. En cierto modo, este bebe de todos los trabajos que he hecho antes.

¿Crees que el arte y la cultura pueden transformar la sociedad?

De entrada creo que los problemas de la sociedad deben resolverlos los políticos y que la política debería estar hecha por la gente.

No creo en la idea del arte como solución a problemas reales, porque es mentira. Una vez que las necesidades están cubiertas podemos ocuparnos del arte, entendiendo que el arte crea un espacio simbólico. Yo entiendo el ser humano como simbólico y las sociedades como productoras de su propio mundo simbólico.

De liderar proyectos de La Fura, que en su momento rompieron moldes, a trabajar con jóvenes internos de un Centro Educativo de Justicia Juvenil.¿Por qué?

No estoy haciendo cosas tan diferentes de las que hacía en los 80′. En el fondo, se trata de intentar mejorar la situación de la gente y en el caso de los chavaless, si alguno se queda con la idea de que hay un mundo más allá de lo que conocen, ya es suficiente. Porque, además, creo que lo han disfrutado. Lo que a mí me ha interesado es este intercambio, vinculado al proceso creativo individual o colectivo.

De hecho, yo no diría que estos chavales sean un colectivo complicado, creo que hay cierta mitificación. Por un lado, hay una realidad, la de nanos emprendedores, que en algunos casos han llegado a España bajo un camión. Estos chavales tienen una capacidad de resolución de su propia vida acojonante y han delinquido, porque es la única forma que tenían de hacer frente a su situación. Y la otra, es la realidad aquí, chavales malcriados, no aceptados por los padres, que no los querían, tienen un «karma mucho más chungo».

Todos están en un momento muy particular de su vida, los educadores los tratan muy bien, con una mano izquierda increíble.