Mery Cuesta

Barcelona, 24 de enero de 2019

Mery Cuesta, en esencia crítica de arte, es la comisaria de la exposición “El arte irreductible, espejismos del art brut” que ocupa el emblemático espacio de la prisión la Model de Barcelona.

Queremos que sea ella quien esta vez nos abra los ojos a la cultura. Nos hubiera gustado entrevistarla en el marco de la exposición, en una de las celdas de la prisión, pero hace frío y hemos preferido hacerlo bajo el abrigo de la fundación. Llega con una sonrisa y le preguntamos:

¿Quién es Mery Cuesta?

Crítica de arte, comisaria de exposiciones, dibujante de cómic y baterista, últimamente batería experimental -matiza-, aunque en esencia crítica de arte que trabaja y ha trabajado con diferentes lenguajes.

Repasando rápidamente tu trayectoria y experiencia profesionales, ¿cómo llegas a El Arte irreductible?

A mí, a nivel profesional, me mueven intereses temáticos diversos, como la cultura popular, el outsider art y la crítica al propio sistema del arte. Estos son mis tres TEMAZOS!

Esta línea que engloba todo aquello marginal, que conecta a la vez con la cultura popular, siempre me ha interesado. El arte irreductible, espejismos del art brut vendría a ser un “Star Trek 3ª parte”, es decir la 3ª fase de una línea de investigación que pone en tela de juicio lo que se consideran “los márgenes de la cultura” y que viene precedida por dos exposiciones anteriores. En el año 2009, comisarié “Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle” que hablaba de la delincuencia juvenil; en el 2017 “Bálsamo y fuga: la creación artística en la institución penitenciaria”, que planteaba un diálogo entre piezas de artistas consagrados de la Colección “laCaixa” con obras de internos de centros penitenciarios. Y esta serie me conduce a comisariar “El arte irreductible”, que no deja de ser una ampliación del concepto de arte  carcelario, para intentar entender qué es el outsider art hoy y en qué se está convirtiendo.

La pieza que nos da la bienvenida a la exposición es la escultura colaborativa Milcaps que ha dirigido el artista Marcel·lí Antúnez. ¿Qué opinas del tándem ARTE y SALUD MENTAL?

Yo siempre he valorado que las expresiones artísticas surgidas en este intersección sean interesantes desde un punto de vista plástico, además de por su carácter social, y creo que así pueden encontrar su espacio en el circuito del arte convencional.

En el caso de Milcaps es la línea que se ha querido seguir y se ha conseguido. Se trata efectivamente de una escultura colaborativa, dirigida por el artista Marcel·lí Antúnez y creada de forma conjunta por personas que conviven con enfermedad mental y otras que no. El resultado, sin duda, es expresivo e impactante, se nota el catalizador de un artista profesional que sabe coordinar la situación para que después sea útil, que se convierta en una obra con capacidad de comunicación, que es lo que tiene que ser el arte: una forma mágica de transmisión.

A menudo se tiende a hablar más del impacto positivo que esta experiencia puede representar a las personas que intervienen, pero en el caso de Milcaps se ha conseguido también un resultado final impactante y de alto valor expresivo y plástico.

Hablemos de La Model, el espacio, el contenedor perfecto (o no) para una exposición de este tipo.

Partimos de que La Model es ya un espacio carismático. Además, el mundo carcelario ya de por sí despierta un interés en la sociedad. La Model está en el momento ideal para ser visitada, ya que está desocupada pero todavía no la han restaurado, y a nivel expositivo es un lujo. Es un privilegio poder entrar en un espacio de dolor, como es una prisión, y hacer de él un lugar floreciente. Y todo gracias al arte.

En realidad, para una exposición sobre outsider art no había mejor emplazamiento, porque parte de este tipo de arte viene de espacios de aislamiento, como prisiones o centros psiquiátricos.

Como profesional ¿crees que existe un interés hacia lo social, en el sector artístico?

Yo siempre he visto dos vías a nivel comisarial: una de corte más conceptual, que suele servir para presentar la obra de uno o varios artistas, y que tiene su sentido principalmente dentro del sistema del arte, y la otra, la que me interesa a mí, que son las exposiciones que tratan sobre fenómenos culturales, que cuentan con las obras de artistas pero también incluyen otro tipo de materiales y documentos, más de archivo. Este tipo de exposición –más didáctica– intenta ofrecer herramientas para entender una determinada construcción cultural, un imaginario colectivo.

La primera línea se agota, la segunda, la de las fenomenologías, es inagotable. Tampoco me considero una persona mitómana, los artistas no me impresionan, por eso prefiero trabajar sobre un fenómeno cultural. En el caso de “El arte irreductible”, qué es art brut, qué es outsider art y en qué se ha convertido; esto es lo que me interesa.

Y para acabar nos gustaría preguntarte ¿crees que el arte y la cultura pueden ayudar a transformar la sociedad? ¿Cómo lo propondrías tú?

Yo creo que la actividad artística sí que transforma, y eso se ve muy claramente en las prisiones. El contacto con lo artístico, pero también con la literatura y la cultura en general, nos vuelve “mejores personas”. Es un motor del cambio individual, que en última instancia contribuye a la mejora de la sociedad.

Igual no se percibe en el sistema, no se ve de forma obvia que se esté produciendo algún cambio, pero hay cambios sutiles.

Por último, para reafirmarme en este planteamiento, el hecho de ofrecer una exposición de arte y salud mental, que se inaugure en un espacio como La Model y que llegue a un público tan amplio, hace posible que el proyecto Milcaps se haga realidad. Y este hecho en sí, ya es el logro.

Son las 15:50h y Mery se levanta porque tiene que ir a dar clase a Elisava. Una entrevista corta pero como siempre un placer hablar con ella y escucharla atentamente.