Sandra Balsells

Barcelona, 29 de marzo de 2019

Hablamos con Sandra Balsells, a quien conocemos desde hace mucho tiempo, una de las mejores fotoperiodistas del país. Nos recibe en la Facultad de Comunicación Blanquerna donde ejerce como docente desde hace más de 20 años. Los alumnos la quieren y se nota. Ella es una apasionada de su trabajo y nos lo transmite cada vez que conversamos.

¿Quién es Sandra Balsells?

¿Quién soy ….? Una persona que dedica su vida al fotoperiodismo y a vivir -remarca que, en su caso, la pasión por la vida personal y profesional van de la mano. Hace ya más de 25 años que me dedico a la fotografía, trabajando con plena libertad y siempre pudiendo elegir los temas y encargos que más me han interesado.

He combinado mi trabajo como fotógrafa con la docencia en la Universidad, dando conferencias y haciendo exposiciones; en resumen, soy una persona satisfecha con la vida que he tenido.

¿En qué momento nace esta pasión, es vocacional?

La vocación ya existía antes de empezar a estudiar en la Universidad, ya sabía que quería ser periodista. De hecho, el año que me había matricularse se declararon numerus clausus! Si no podía entrar en periodismo, ¿qué haría?

Durante los años de carrera trabajé como fotógrafa de publicidad, lo que no me interesaba en absoluto. Pero una vez acabé, ante el abismo y la incertidumbre del final de etapa, decidí que tenía que hacer un cambio y me fui a vivir a Inglaterra.

Un año después entré en el London College of Printing, gracias a una beca, para cursar el Postgrado de Fotoperiodismo. En ese momento hacía prácticas en dos diarios, uno de ellos era el The Times. Era poco antes del año 1991, en Yugoslavia se produjo la desintegración del país y estalló el conflicto. Pedí al diario cubrirlo y lo aceptaron. Aquel fue el inicio de mi carrera profesional.

Sandra, si comparamos este momento que viviste con la actualidad y el panorama de los jóvenes estudiantes de hoy en día, ¿qué ha cambiado?

Empecé a dar clases muy joven, yo tenía 28 y mis alumnos 20 años. Hoy en día, además de la diferencia de edad con ellos, ha habido un salto muy importante en el plano tecnológico que marca nuestra profesión. En cualquier caso, la pasión y el empeño son la clave para salir adelante. He tenido muchos alumnos que se han convertido en grandes profesionales gracias a la perseverancia y el esfuerzo, como Laia Abril, Guillem Trius, Lurdes Basolí, Lourdes Segade … Esto no cambia.

Además, hay un tema comercial, de entrar el mercado, uno tiene que saber venderse. Yo no me quejo, no he necesitado llamar a demasiadas puertas para que se me abrieran. Supongo que me gusta mucho lo que hago -sonríe satisfecha- y la vida me lo ha recompensado.

Parla’ns una mica de la teva vinculació amb la Fundació Setba.

Todo comienza en 2016, cuando Cristina Sampere, directora de la Fundación, me invita a colaborar en una exposición que llevaba el título “Estimado maestro Catalán-Roca” en homenaje al fotógrafo. Nosotras nos habíamos conocido hacía más de 20 años, aunque no habíamos mantenido el contacto, y me encantó su propuesta!

Después de eso, en 2017, Setba organizó una segunda exposición muy especial con tres mujeres, yo misma y dos grandes fotógrafas: Joana Biarnés -recientemente traspasada- que fue la primera mujer fotoperiodista en nuestro país y que se había convertido en una gran amiga desde el año 2012, cuando nos conocimos, y Laia Abril, nueva promesa de la fotografía y ex alumna mía en Blanquerna. Tres generaciones de mujeres, que expusimos juntas en “De la sombra a la luz”.

Y la última colaboración, este 2019, es “Cicatriz”. Una muestra, actualmente en el Espacio Mercè Sala (Metro Diagonal), sobre el día a día de una mujer que ha sufrido violencia machista. Participar en este proyecto ha sido muy enriquecedor, pero también duro y muy complicado. Duro porque afortunadamente es un tema que no he vivido de cerca, y después de 6 meses de trabajo ha cambiado absolutamente mi percepción sobre esta lacra. Complicado porque cuesta mucho hacer el seguimiento fotográfico de alguien que ha sufrido un daño que ya no se ve. La única imagen que pone sobre la mesa el problema de forma evidente es la última, una fotografía donde se la ve a ella enseñando un selfie que se hizo después de la última agresión.

Ahora, la nuestra se ha convertido en una relación muy bonita y me gustaría seguir en contacto con Bibi y hacer más proyectos. Ella, además de una mujer muy valiente, está demostrando ser una gran oradora y ahora que ha decidido que no va a callarse más, siento que quiero ayudarla.

Mes de marzo, mes de las mujeres.

Cada año mi facultad organiza unas Jornadas de Comunicación. Un día, haciendo autocrítica, los mismos profesores de Blanquerna nos dimos cuenta de que prácticamente no incluimos bibliografía de mujeres en nuestros programas. En pleno siglo XXI esta situación no debe ser una normalidad, lo tenemos que cambiar, por eso este año las Jornadas de Comunicación Blanquerna se han dedicado a las mujeres. 

¿La fotografía, el arte y cultura pueden ayudar a transformar la sociedad?

Una cierta capacidad es evidente que la tiene, si no ¿qué hay haríamos aquí? Ahora bien, en mi opinión, depende también de la capacidad permeable del público, de su sensibilidad. Hoy día somos incapaces de digerir todo lo que nos llega. ¡Yo, sinceramente, me quedo un poco al margen de esta avalancha!

Además, tenemos que ser más críticos con las noticias, debemos saber seleccionar las fuentes fiables y contrastar la información.

Aun así, creo que las expectativas deben ser bajas, tenemos que ser conscientes de que los fotoperiodistas tampoco podemos cambiar el sistema, desgraciadamente.

Le hacemos las dos fotos (qué presión fotografiar a una fotógrafa!) Y nos despedimos de Sandra pasando el relevo a dos alumnos que vienen a preguntarle dudas, cámara en mano. Nos vamos con las palabras PASIÓN, PERSEVERANCIA y PACIENCIA grabadas en nuestras mentes.