Ventura Camacho

Barcelona, 7 noviembre 2019

Des de l’any 2015, Ventura Camacho treballa amb la Fundació Setba en els tallers de fotografia que organitzem per a dones que han patit situacions de violència masclista.

¿Quién es Ventura Camacho?

¡Qué gran pregunta! Me gustaría saberlo, la verdad. Yo creo que es un educador social vocacional. Es alguien que vino al mundo y cree que tiene el encargo de poder acompañar a las personas, y lo hace desde donde buenamente puede y como buenamente sabe. Entonces se cruzó el voluntariado por mi vida; yo iba para filólogo, y de la filología me fui a la educación social y ya no he dejado ese camino.

¿Qué significa para ti “De la sombra a la luz”?

“De la sombra a la luz” fue el taller que inició este nuevo proyecto de coaching y desarrollo, la primera oportunidad que tuve de poder empezar a poner en práctica las ideas que tenía.

Además, es una experiencia personal de crecimiento como hombre, al tratarse un taller para mujeres que han pasado por una situación difícil y muchas de ellas han perdido la confianza en los hombres (o por lo menos tiene muchas dificultades para relacionarse con normalidad o retomar esa normalidad). Ser referente masculino es importante para ellas, y también para mí. Por ejemplo, me ha ayudado a ver desde donde funciono yo, detectar micromachismos que tenía muy incorporados. Uno piensa que con trabajar en el mundo educativo ya está libre de toda culpa, pero no, también se aprende, sobretodo como persona.

¿Qué significa “Coaching, fotografía y desarrollo”?

Es un proyecto fruto de una crisis. Con 38 me plantee “¿Qué quiero ser de mayor?”. La respuesta me la dieron otras preguntas “¿Yo qué sé hacer y qué puedo hacer mejor? ¿Cómo me formo?”. A partir de aquí cree un proyecto para seguir viviendo de lo que me apasiona, mi vocación: ayudar a los demás, acompañarlos.

Yo había estudiado filología inglesa y me gustaba la escritura, la fotografía… Busqué cómo aplicar eso a todo lo que había aprendido como educador social, gestionando emociones. Sin dejar de lado mi formación en coaching y programación neurolingüística.

Haznos un balance del taller “De la sombra a la luz”

Personalmente voy aprendiendo de cada taller, voy perfeccionando las dinámicas. La base suele ser la misma, pero en función del grupo voy cambiando las dinámicas y las voy adaptando a lo que piden, a su energía.

Por ejemplo…

Pues en estos años he ido viendo que había que darle menos tiempo a la sombra, no detenernos allí, y en cambio recrearnos en la parte de luz, de proyectarnos en lo que queremos y en lo que buscamos en la vida.

El balance es muy positivo: solo con crear un grupo dónde se puedan juntar y puedan compartir sus experiencias, el taller ya es un éxito. Dentro del grupo cada persona esta en un momento diferente, con lo cual ellas hacen de espejo y se arropan. Se convierten en puntos de referencia, y la que está en un momento más delicado es arropada por las demás, que ya han pasado por eso. Los grupos son muy variables y variados, y aquí está la riqueza, eso suma.

Y sobre el segundo taller, en el que trabajan codo con codo con una fotógrafa de prestigio (este año Marta Fàbregas) ¿qué nos puedes decir?

El segundo taller, que es un poco más creativo y dedicado a hacer una exposición, les aporta mucha autoestima, puesto que su trabajo se va a ver. Es una oportunidad preciosa, porque se dan cuenta de que lo que están creando puede servir a otras mujeres que tal vez estén en ese momento de dar el paso, de denunciar o de buscar ayuda. Ese gesto de compartir, de “yo doy la cara por ti”, para mi es muy poderoso.

En conclusión…

Yo pienso que donde no llegan las palabras, llega la imagen. A veces, en el taller alguna mujer me dice “Yo me siento así”, y me enseña una foto que ha hecho durante la semana y en ese momento digo: ya está, te entiendo.